Cuando la Fundación Takeli comenzó a pagar matrículas escolares en Bodjondé, pronto se hizo evidente que el problema no era solo económico. Los niños del poblado ya asistían a clase, pero lo hacían en condiciones muy precarias: las aulas existentes estaban construidas con simples troncos de madera y techos de paja, y los propios alumnos se sentaban sobre palos, sin mobiliario ni infraestructura mínima para aprender con dignidad.
Fue así como la fundación decidió dar un paso más allá de costear matrículas: construir una escuela primaria de verdad. El proyecto arrancó a finales de 2005 y se completó en marzo de 2006, financiado principalmente gracias al apoyo de la Universidad de Granada, institución con la que Ramón Takeli, presidente de la fundación y profesor del colegio Mulhacén, mantenía estrecha relación. Esa colaboración, junto con la red de socios y donantes que la fundación fue construyendo desde sus inicios, hizo posible la obra.
La construcción se llevó a cabo con albañiles contratados localmente en Togo, priorizando siempre la mano de obra del propio país. Con la nueva escuela, la Fundación Takeli no solo garantizó el acceso a la educación, sino también un espacio seguro y adecuado para aprender: se matriculó al máximo número posible de niños y niñas, cubriendo matrícula y material escolar para todos ellos.