Antes de 2006, conseguir agua potable en Bodjondé era una tarea diaria de varias horas: los habitantes del poblado debían recorrer más de 10 kilómetros para acceder a agua limpia, o bien recurrir al agua de lluvia recogida directamente del suelo, contaminada y foco constante de enfermedades.
Con el objetivo de poner fin a esta situación, la Fundación Takeli construyó el primer pozo de agua potable del poblado, financiado por Moleón, empresa que ya había colaborado un año antes en la construcción de la Farmacia Moleón. La perforación se realizó con maquinaria especializada, mientras que la construcción e instalación final del pozo corrió a cargo de albañiles y personal experto contratado localmente por la fundación.
El impacto de esta infraestructura alcanzó a todo el poblado de Bodjondé, unas 3.000 personas, que a partir de entonces pudieron acceder a agua potable cerca de sus hogares por primera vez.